Las otras Melinas: historias de chicas que dijeron que no

El caso de Melina Romero se investiga como homicidio agravado por violencia de género. No es un caso aislado. El año pasado hubo 295 femicidios: 19 eran chicas de que tenían entre 13 y 18 años. La mayoría fueron víctimas de ataques sexuales antes de morir.

 

Hay un cuerpo que no aparece. Y otra vez es el de una adolescente: Melina Romero. Antes fueron Ángeles, Araceli y Serena. El año pasado hubo 19 “Melinas” en todo el país: chicas de entre 13 y 18 años asesinadas en manos de verdugos varones. Cuatro de ellas vivían en el conurbano bonaerense. En tres de esos casos previo al balazo, al estrangulamiento o el empalamiento las jóvenes sufrieron ataques sexuales. Detrás de estos crímenes hay un patrón, una trama sistemática y crónica: la violencia de género y el femicidio como la forma más extrema del canibalismo sexista.

nomelinas
Este año enero arrancó con un nuevo asesinato. Al cuerpo de Natalia Rocha lo encontraron envuelto en una cortina roja en el arroyo Las Catonas de Moreno, al oeste del conurbano. El cadáver mostraba un degradé de violencias: tenía las manos atadas, el cráneo, la mandíbula fracturada y la habían violado. La nena de 16 años estuvo desaparecida durante diez días. Su familia la buscaba pero la chica entró a la morgue como NN: la habían registrado como una mujer de 30 años. La última vez que la vieron  con vida estaba en una parada de colectivos con una amiga. Pasaron cuatro varones que conocía en auto y ella se subió. La violaron. Eran dos menores y dos mayores de edad. Uno de los detenidos adultos se ahorcó en una comisaría de Bella Vista, el otro sigue prófugo.

El de Melina no es un caso aislado. Forma parte de las 295 mujeres y niñas muertas como consecuencia de la violencia machista en Argentina el año pasado. Ninguna murió por ser linda, por ir a un boliche, por tener cinco perfiles en Facebook. Las golpearon, las ahorcaron, las prendieron fuego, las asesinaron a  apuñaladas. Para la Justicia a Melina no la mataron en una “fiesta sexual”. Tampoco en un “rito umbanda”. La caratula que eligió la fiscal es contundente: “Homicidio agravado por la participación de tres o más personas y por contexto de violencia de género”. La categoría teórica, política y social es femicidio, incorporada en el Código Penal a fines de 2012. Sin embargo, entre la pesquisa judicial y su cobertura mediática hay un hiato.

Laurana Malacalza del Observatorio de Violencia de Género de la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires llama a ese hiato “continum de violencias”. “Tipificar el delito ha sido un intento por entrelazar estas muertes con las tramas sociales que las hacen posibles, que las enmarcan en un continum de violencias. Existe una serie de entramados, violentos, que derivan en los feminicidio”, dijo.

Cuando ellas dicen que no

“La mujer parece que no puede decidir sobre su propio cuerpo y sobre el placer. Ya desde la música las letras de la cumbia y el raggaeton las colocan en un lugar bastante misógino” explicó a esta agencia Natalia Barrios. Es trabajadora social y coordina el equipo de trabajo de otras pares en la Casa del Encuentro, la ONG que releva los femicidios en el país. “Muchos de los crimenes de las adolescentes se dan en contexto de noviazgos violentos. Son las primeras relaciones que tienen y no tienen otro modelo de vínculo para contrastar. Naturalizan la violencia. En la idea del amor romántico el sufrimiento, los celos, el dolor, son válidos”, explicó.

Calles de ripio, cumbia y reggaetón al palo, las pastillas del transa y el alcohol del supermercado chino son, muchas veces, el marco de están muertes que guionan los varones.Sofía le dijo a su mamá que estaba en Chocolate, un boliche de Hurlingham con Ayelén, otra amiga de 16. En realidad había ido sola a una fiesta en la casa de unos “chicos más grandes”. La noche terminó con Sofía internada en el Hospital Municipal: golpes en todo el cuerpo y un análisis de hisopado. No quiso hacer la denuncia.

Según especialistas consultados por Infojus Noticias, a los medios y la Justicia sólo llegan los casos que terminan en asesinato y desaparición. Los abusos sexuales en el marco de fiestas adolescentes o boliches quedan en la puerta de la comisaría. Ni siquiera se llega al primer eslabón de la cadena.

Según el REUNA (Registro Estadístico Unificado de Niñez y Adolescencia, Secretaría de Niñez y Adolescencia de la Provincia de Buenos Aires) el Estado provincial intervino en 2.181 casos por abuso sexual infantil en 2013. La categoría elegida para medir no permite distinguir el género, pero la mayoría son adolescentes y niñas. La Justicia de San Martín, que investiga el crimen de Melina, atiende a 4 chicos abusados por día, el 90 por ciento son intrafamiliares.

Las que dijeron que no y se defendieron se convirtieron en victimarias. Fue el caso de Ailén y Marina Jara, de 21 y 19 años. Pasaron dos años, un mes y veintiún días presas por defenderse de un vecino abusador al que apuñalaron por la espalda. El año pasado un Tribunal de Mercedes las condenó por “tentativa de homicidio”. En el expediente no se tuvo en cuenta el contexto de violencia de género.

La fragilidad de los cuerpos femeninos

Yanela Ludmila Medina, de 11 años, apareció en marzo del año pasado flotando adentro de una bolsa en un arroyo de  Berazategui con las manos y los pies amarrados. Estuvo siete días desaparecida. Por su crimen fueron detenidos tres jóvenes de entre 18 y 21 años. La autopsia reveló que la nena murió desangrada, como consecuencia de un empalamiento luego de un ataque sexual del que participó más de una persona.

Niñas, adolescentes y mujeres asesinadas cada 30 horas. Los especialistas hablan de pandemia, el concepto de femicidio ya no alcanza. “La figura busca visibilizar el contexto social particular en el que se inserta el homicidio de una mujer por razones de género. No tiene su fundamento en dar más valor a la vida de las mujeres en detrimento de la de los varones. Este tipo de hechos tiene su raíz en la discriminación estructural de la que son víctimas las mujeres, cuya expresión más grave se evidencia en hechos de violencia extrema”, contó la abogada Romina Pzellinsky, titular del Programa sobre Políticas de Género del Ministerio Público Fiscal.

 

Fuente:  infojus

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*